Por si un día tú quieres visitarme,
me ubicas en el cerro de tu olvido.
Cerca de su cumbre, mejor dicho.
¿Y qué más te diré para orientarte...?
A poco trecho del abismo de la nada.
Allí, donde se abrocha el firmamento
que invoca estremecido tu regreso
e incendia en sus albores, tu mirada.
¡Ah! Y una señal más que importante:
Tu corazón...tu corazón petrificado,
cincelado entusiasta, allí, en mi patio,
cual otrora dichoso al presagiarme.
A más, hermético desde tu ausencia,
advertirás el relicario de la luna
con foto de los dos, que no abrí nunca,
por miedo que tu faz no me sonriera.
Y es tan inútil negarme tu influencia,
como inútil trucar mi sentimiento.
Daré a mi orgullo, fraternal entierro,
por no verme besando una quimera.
Por tanto, te espero con tu llave:
de mi alegría, mis besos y mi sexo.
Nunca di puerta a los amores nuevos.
Así que cuando quieras... tú ya sabes.
lunes, 30 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Juan, este poema es exquisito. No me canso de leerlo. Te quiero mucho.
ResponderEliminarJuan tan original, con entrega, excelente!!!
ResponderEliminar¡Grandioso!
ResponderEliminarPor si un día tú quieres visitarme,
me ubicas en el cerro de tu olvido.
Cerca de su cumbre, mejor dicho.
¿Y qué más te diré para orientarte...?
A poco trecho del abismo de la nada.
Allí, donde se abrocha el firmamento
que invoca estremecido tu regreso
e incendia en sus albores, tu mirada.
¡Ah! Y una señal más que importante:
Tu corazón...tu corazón petrificado,
cincelado entusiasta, allí, en mi patio,
cual otrora dichoso al presagiarme.
...
Mi admiración y aplausos!